Arriba

ECCE HOMO – NAZARENO

Desde el mar europeo, un trayecto largo le espera al nazareno para llegar a nuestro suelo espartano.
En un puerto de Cádiz en el siglo XVIII se preparan para zarpar a un nuevo mundo, al nuevo reino de Granda no una, sino varias obras que traían consigo un poco más que pintura y tela.
Estas rutas comerciales, oficiales o clandestinas permitían además proveer insumos, un constante movimiento de ideas, doctrinas, sacramentos, rituales, políticas y creencias entre culturas. Estas pinturas y figuras religiosas, algunas como donación del Papa Pío Nono al obispo Valerio Antonio Jiménez, traían quizá consigo una manera de reafirmar nuestra creencia en la religión católica en el nuevo mundo.
Pues para los misioneros, era indispensable el uso de imágenes ya que era esta la manera en como comunicaban y hacían visible la gracia divina de Dios, definida por san Agustín como la virtud que permite creer en aquello que no vemos.
Trayendo pues así desde Europa no sólo obras, sino también maestros quienes a su vez consolidaron sus talleres, donde algunos indígenas nativos tenían la oportunidad de aprender la labor del pintor, escultor o talla en madera.
Hay en nuestra capilla vestigios reconocibles de la presencia de los indígenas en la construcción de la misma en el año 1750, en la pared lateral derecha algunas marcas y grabados con influencia barroca son visibles. El tablón que es el más memorable ícono de la capilla, fue tallado según la antigua tradición en la que sería la primera capilla de marinilla (esta se encontraba en las fronteras de belén, cuando fue demolida, el tablón fue llevado a la ahora capilla de Jesús nazareno).
También algunas tallas en la parte superior de la ventana y puerta del altar fueron trasladadas a su nuevo recinto, en ellas se da muestra de cómo este mestizaje o sincretismo ha llegado más allá del color pues hay ahora un nuevo conocimiento en la nueva granada.
Luego de su construcción llegarían las ya mencionadas obras enviadas por el pontífice de los maestros barrocos Ibáñez N, J. M. Castaño y algunas otras de autor desconocido. Siendo
completada esta colección desde ¨la primavera¨ nuestra primavera, con las obras del maestro marinillo Calixto Villegas Hernández.

Maria Lucía Restrepo Yepes, Licenciada en educación artes plásticas en formación de la universidad de Antioquia.

El señor del pensamiento

Autor desconocido
100*75 cm
Óleo sobre lienzo

Mateo 27,28-29: “Y despojándole de sus vestiduras, le echaron encima una capa púrpura, y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y en la mano una caña; y doblando ante Él la rodilla, se burlaban diciendo: ¡Salve, rey de los judíos!”.
Jesús reposado sobre una silla o trono que mira de frente, él con una postura ¾ inclinada genera movimiento en la obra, nos dan a pensar que es una obra posterior al renacimiento, el retrato deja de hacerse completamente de frente y pueden además llegar a confluir diferentes perspectivas.
El manejo de la técnica se da con maestría y fidelidad, las luces y brillos especialmente de sus vestiduras atraen la vista del espectador a sus dorados detalles.
Su tratamiento en tonalidades grisáceas, con contraste y un color predominante sugieren una intencionalidad de resaltar las características de ¨rey¨ que le fueron otorgadas a modo de burla.
Su mirada tranquila y la posición de su mano nos llevan al ya conocido pensador de Miguel Ángel.
Una cruz de Madera y unos clavos en el piso, avistan la pronta crucifixión y muerte del todo poderoso.

La Flagelación

Autor desconocido
100*75 cm
Óleo sobre lienzo
Los condenados a crucifixión eran flagelados habitualmente durante el trayecto que había entre el lugar donde se dictaba la sentencia y el del suplicio.
El número de latigazos, según la ley hebrea, era de 40. Pero estando a cargo de los romanos sólo estaban obligados a dejarlo con vida.
En su composición Jesús aparece en la parte central de la escena. Se crean unos modelados duros con esa línea oscura de contorno, los ropajes se pegan a sus cuerpos en la parte superior, de forma contraria en la parte inferior se genera movimiento de las telas mostrando así a diferencia de otras obras estáticas de periodos anteriores, una acción que se da a cabo en el instante.

Ésta, muestra en el pilar donde está atado Jesús una perspectiva casi cenital, es decir desde arriba. Al mismo tiempo se observan los romanos desde abajo y Jesús de perfil.
Estos cambios de perspectiva se pueden atribuir a una correcta lectura de la acción y un énfasis en lo visible.
En sus vestiduras, detalles en dorado indican su divinidad, al igual que la del padre que yace mirando desde arriba.

Virgen de Chiquinquirá

Calixto Villegas
125*90 cm
Óleo sobre lienzo

La virgen de Chiquinquirá una india cristiana le llamó la atención hacia la imagen, un viejo cuadro que yacía en una pequeña capilla de Chiquinquirá, ahora aparecía rodeada de vivos resplandores. Volvió el rostro María Ramos y fue grande su asombro al advertir la transformación que se había obrado en el lienzo, cuyos colores, antes tan borrosos y desteñidos, aparecían ahora vivos y claros. Abandono, secuestro y terremotos ha sobrevivido la pintura con la madre de la Iglesia Católica. La palabra Chiquinquirá significa lugar de nieblas y pantanos.
Tal fue la importancia de esta imagen, que a lo largo del periodo colonial se hicieron numerosas copias de ella

Esta obra del maestro Calixto Villegas es una copia de la obra original situada en Chiquinquirá, la obra original mide 125*119 cm y se empleó una técnica antigua conocida como temple, el autor original Alonso de Narváez tomo como inspiración en 1555 una Virgen del Rosario que fue traída desde el viejo continente por los frailes Dominicos y pintó sobre una tela de algodón y con colores hechos a base de jugo de frutas y tierras de
la región.
Narváez pintó a San Antonio de Padua y el Apóstol Andrés por dos razones. La primera para llenar los espacios sobrantes del lienzo y la segunda porque el pintor quiso agradecer con el nombre de sus santos a quienes promovieron la obra.
La Virgen reposa sobre una luna en cuarto menguante suspendida en el aire. Dos ángeles a cada costado de la corona, de un tamaño inferior, casi a la misma escala de la figura del divino niño que carga san Antonio de Padua.
Un retrato ¾ atento a los detalles simbólicos de las mismas.
Esta composición piramidal muy usada en el renacimiento, muestra también la jerarquía de los mismos personajes.

Extasis San Fransisco

Autor desconocido
100*75 cm
Óleo sobre lienzo
Oró para recibir dos gracias antes de morir: sentir la Pasión de Jesús, y una enfermedad larga con una muerte dolorosa. Después de intensas oraciones, entró en un trance profundo —según relato de San Buenaventura el mismo Nazareno se le presentó, crucificado, rodeado por seis alas angélicas, y le imprimió las señales de la crucifixión en las manos, los pies y el costado
En su lecho escribió su Testamento. ​En sus últimos momentos entonó nuevamente su Cántico al Hermano Sol —al que agregó un nuevo verso dedicado a la hermana Muerte— junto a Ángelo y León.
San buena ventura: leyenda mayor de san francisco 13-15
El santo aparece recostado sobre una roca, en pleno éxtasis místico, tras la reflexión sobre la muerte a la que aluden la calavera, la cruz y el libro que se funden suavemente con la sombra. Es confortado por un ángel músico según se narra en el libro Florecillas de San Francisco (Parte II, consideración segunda). El ángel a su vez con su vestidura ondeantes da una actitud de movimiento y sus colores pastel un acercamiento a lo divino
y celestial. Hay también un tratamiento diferente a la hora de resolver las siluetas de ambos personajes, pues el ángel con un contorno en sus alas muestra una figura más esquemática o lineal, mientras san francisco logra fundirse y mezclarse muy bien con el escenario.
Esta obra de autor desconocido, vislumbra una gran maestría para resolver las manos y los pies del santo, dando una mayor percepción de su volumen y fidelidad a la realidad.

Santa Rita de Cascia

Autor desconocido
80*60 cm
Óleo sobre lienzo
Su vida comenzó en tiempo de guerras, terremotos, conquistas y rebeliones.
Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Casia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que tocó tanto a Rita que a su retorno al monasterio le pidió fervientemente al Señor ser partícipe de sus sufrimientos en la Cruz. Recibió los estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza.
Santa Rita se encuentra arrodillada, su rostro en el centro de la composición con una belleza idealizada, es decir que, aunque realista, en síntesis, proponen una belleza celestial propia de una invención del autor o copia de otras obras del momento. Esto suele darse en momentos del renacimiento o momentos cercanos a dicho periodo. Su mirada hacia arriba, nos lleva a una pintura antes vista, el éxtasis de san francisco, nótese en su
mirada una mezcla de dolor y profundo amor ante la imagen del cristo en la pared.
Un notado contraste entre su vestimenta y su rostro, hace parecer que el manto de la santa se funde con el fondo.

Un estilo muy lineal, es decir, en él se logra identificar fácilmente una línea de dibujo en el contorno de las figuras. Una característica que se abandona en el barroco, pues allí hay un tratamiento más pictórico, de transición de colores.

San Antonio de Padua

Calixto Villegas
100*75 cm
Óleo sobre lienzo
El Niño Jesús le hizo una visita a San Antonio cuando este era aún un fraile, y se encontraba rezando en su habitación solo.
El lirio o la azucena es símbolo de la pureza y porque así como el más ligero contacto empaña esa flor candidísima, así toda culpa —aunque leve— afea la pureza del alma.
recuerdan a las gentes el deber de amar y conservar a toda costa la delicadísima virtud de la pureza. Hasta tal punto que a tan bellas y blancas flores del campo se las llama lirios de San Antonio.
Esta es sin duda una de las grandes obras del maestro Calixto, la serenidad en los rostros, la dulzura en el rostro del infante, las transiciones tonales y los contrastes de la misma aluden a que quizá está fuera una de las últimas obras del pintor. Los detalles de la roca y la forma pictórica de resolver los arboles del lado izquierdo muestran un gran manejo de la técnica.
En perspectiva, ambas figuras denotan una disposición tranquila, se observa a san francisco en un rol paternal y de admiración. Sus rostros, aunque maravillosos son todavía una imagen idealizada de los hombres, más que una semejanza a la naturaleza, se asemejan a otras obras. Esto es muy característico de un periodo posterior al
renacimiento y anterior al barroco.
El tratamiento de las nubes, es mucho más suelto y liviano en esta obra.

Sagrada Familia

Calixto Villegas
130*100 cm
Óleo sobre lienzo
La Sagrada Familia de Nazaret, se refiere a José, María y su hijo Jesús. Al nacer Jesús en una familia, el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Por eso se venera a la Sagrada Familia como Familia de Santos.
La santa familia, nos muestra a Jesús delante de sus padres, tomado de la mano de la virgen da un paso hacia adelante con mirada fija al espectador, mientras maría y José dirigen su mirada al niño.
En el rostro del niño, unos rasgos inocentes con proporciones diferentes a las del tamaño de su cabeza, ojos grandes, nariz y boca pequeñas. Este atributo podría encontrarse en las pinturas anteriores al periodo del renacimiento.
El tratamiento de la atmosfera, genera un entorno de una sensación de calidez o de santidad, maría y José con su aureola resplandeciente se ven tocados por esta luz divina.
Una flor de lis acompaña al padre putativo de Jesús símbolo de espíritu humilde y sincero.
En la lejanía arbustos que no parecen disminuir de tamaño, generan una atmosfera paisajista, pero de poca de profundidad.

San Martín de la Tour

Calixto Villegas
150 * 110 cm
Óleo sobre lienzo

Estando Martín en Amiens encontró cerca de la puerta de la ciudad a un mendigo tiritando de frío, a quien dio la mitad de su capa, pues la otra mitad pertenecía al ejército romano en que servía. Cuando estaba soñando Jesús apareció vestido con la media capa y dijo a una multitud de ángeles que le rodeaba «Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido».

San Martín en su caballo tiende al mendigo media capa, esta posición deja a un lado la composición renacentista tradicional que data de líneas perpendiculares y pasa a dar un poco de inclinación a las figuras, generando así una obra en movimiento. Un vestigio de sincretismo, una obra en un periodo de transición.

Esta es una obra que cuenta con luz ideal y un color local. El color está iluminado lo que permite una transición tonal, pero no un contraste resaltado en la imagen.
Hay una perspectiva y profundidad atmosférica dada por una disminución de tamaño en la arquitectura que se pierde en el horizonte.

Fuga y desesperación de Judas

Autor desconocido
90*115 cm
Óleo sobre lienzo

Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
Judas aparece en la parte inferior derecha del cuadro, mostrando el movimiento de una escena casi teatral, generando una lectura en diagonal de la obra, muy característica del barroco.
Jesús reposado sobre el suelo en escorzo, es decir su figura situada oblicua o perpendicularmente al plano del lienzo, utilizado también para dar una sensación de profundidad. Iluminada sólo una parte de su lateral, la luz y la sombra, más conocido como claro oscuro es otra de las características que permiten en su composición dar un carácter jerárquico a eso qué quieren resaltar de la pintura, dando también de esta manera un tratamiento especial al volumen dejando casi en la penumbra algunas zonas de la obra.

Nazareno

Autor desconocido
España
Talla en Madera- policromada y estofada “Y a uno que pasaba por allí, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que volvía de su granja, le forzaron a llevar la cruz de Jesús” (Mc 15, 21).
El rostro de Jesús está ahora pálido, amoratado, sangrante, con hinchazones y la nariz deformada, sucio, lleno de polvo, con los ojos hinchados, casi cerrados por el dolor y las contusiones, por la luz intensa del mediodía que hiere las pupilas dilatadas de Jesús. Caen de su rostro lagrimas que se entremezclan con la sangre.
Su postura de fatiga y una mirada misericordiosa.
El nazareno ha sido traído desde Barcelona España. Cuenta la tradición oral, que dos ejemplares serían destinados a llegar a nuestras tierras colombianas. Uno, sería para Bogotá, el otro para Marinilla. En el trayecto, aquel destinado para Bogotá llegó a Marinilla, y su par llegó al que sería su destino.
Innumerables veces, se intentó intercambiar al nazareno, pero siempre algo acontecía para que esto no sucediera.
Cuenta la antigua tradición que ni con los hombres más fuertes lograron levantar la figura, al parecer era ahora parte de nuestra capilla y aquí se quería quedar.
Ahora, después de casi doscientos años el nazareno, la más reconocible figura acompaña a cientos de fieles que cada año, le adoran.

Cristo, ha sido tallado en madera, con una fundición de plomo, una máscara en su rostro.
Para conseguir una pieza en plomo fundido, primero se modelaba el prototipo en arcilla o cera, y una vez acabado y debidamente seco se conseguía un contra molde que se podía fabricar en madera, barro, yeso o incluso arena. Obtenido el molde, el plomo líquido se vertía a una temperatura de entre 140 y 200 ºC, siendo habitual que el espacio de los globos oculares fuera preservado para luego instalar en su lugar ojos de cristal, aunque también se podían calar posteriormente cuando la pieza era desmoldada y limada. Para el agarre de la película pictórica se practicaba sobre la superficie vista de la pieza un leve bruñido.
Normalmente, los elementos fundición se limitan únicamente a las mascarillas de las imágenes y a las manos, siendo confeccionado el resto del cuerpo en madera.

1. Técnicas de modelado y fundición en la escultura colonial colombiana
H-ART. No.2. enero-junio 2018, 200 pp. 145

San Luis de Gonzaga

J. M. Castaño
80*60 cm
Óleo sobre lienzo
El Patrón de la Juventud Católica A los doce años había llegado al más alto grado de contemplación.
Una epidemia de fiebre atacó a roma, Luis iba de puerta en puerta mendigando alimento para los enfermos. Logró cuidar de los moribundos, pero Luis contrajo la enfermedad. Se le escuchaba en sus últimos momentos "Me alegré porque me dijeron: ¡Iremos a la casa del Señor!".
Muere a los 23 años a la media noche.
San Luis se encuentra inclinado ante una figura de cristo, su rostro inexpresivo a simple vista, transmite la tranquilidad que le acompaña. El suave tratamiento de su piel, nos muestra en él una juventud en pleno esplendor.

Una pintura con tonalidades grisáceas, un poco opacas. Que generan una atmosfera más allá de lo terrenal.
Hay en la mesa un cráneo, y rosario con transiciones detalladas, que tienden a perderse un poco en la oscuridad, avistan la pronta llegada de su ascenso.
Una tela o cortina en la parte lateral derecha, con pliegues y arrugas prominentes nos acercan a una característica muy propia del barroco, donde las escenas podían entenderse casi como una escena teatral.
La flor de lis, presente en varios de las obras como símbolo de serenidad.

Santa Lucía

Calixto Villegas
120*90 cm
Óleo sobre lienzo
Según una antigua tradición, a la santa se le representa frecuentemente con dos ojos o una espada en su cuello, pues luego de consagrar su vida y castidad a Dios, fue perseguida por profesar la religión cristiana en tiempos del emperador Diocleciano. Quien mando se le arrancaran los ojos y posteriormente fue decapitada.
"El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente"

Una composición simple, pero balanceada entre los colores y los objetos dan claridad a la figura y a su paisaje.
Pinceladas sutiles y suaves transiciones acompañan a la santa. Una pintura con un estilo muy renacentista, con poco contraste de luz, pero con un volumen y profundidad vistosos.
No hay un foco de luz directo, la luz proviene de todas partes, incluso se da la ilusión de que la misma figura proyecta la luz. Un retrato 3/4, no hay una postura completamente frontal, más natural. Una mirada
distante que se pierde a lo lejos.
sus facciones a diferencia de ser tomadas de la naturaleza como ya se hacía en su periodo siglo XIX, parecen más bien réplicas de pinturas de momentos de la historia anteriores, pues al ser la nuestra una colonia española los estilos llegaban en los libros grabados que traían imágenes de grandes obras del momento.

Los siervos de María

Calixto Villegas
180*110 cm
Óleo sobre lienzo
En el siglo XIII (trece) un grupo de siete jóvenes adinerados provenientes de la República Libre de Florencia (hoy Italia) decidieron abandonar sus riquezas para entregarse a Cristo, su Evangelio y a la Virgen María. quienes por ese entonces conformaban una cofradía de laicos con el nombre de Laudenses, repartieron todo su dinero a los pobres, construyeron una Iglesia y una ermita, en la que llevaron una vida austera.
Son nueve los personajes que componen la obra del maestro Calixto, siete siervos de túnica negra, ascienden por la montaña hacia la imagen de la sagrada virgen, en su marcha, algunos con la mirada perdida.
En la parte inferior izquierda, podemos ver árboles de tamaño reducido, que hacen pensar que, si bien los jóvenes no son gigantes en tamaño, hay un desfase de proporción característico de las artes anteriores al renacimiento, puede entenderse quizá como la grandeza que se le atribuye a los mismos.
Encima de ellos una placa o mausoleo con los nombres de los siervos fundadores.
Los colores brillantes, casi con una luz dorada que los alumbra, generan un balance tonal entre lo terrenal y este caso lo divino. Obsérvese el ángel en tonalidades doradas como la tierra de la montaña.
Las montañas desaparecen a lo lejos, se funden con el cielo desembocando en un atardecer casi rojizo.
La virgen con facciones delicadas y pinceladas suaves, baja la mirada hacía los hombres que quieren alcanzar su gracia.

Bautismo de Jesús

Autor desconocido
110*80 cm
Óleo sobre lienzo
Juan ya tenía tiempo proclamando el Evangelio y bautizando a la gente que se habían arrepentido de sus pecados, que querían enderezar su vida y relación con Dios, así como esperar la venida del Mesías. Al ver a Jesús venir a él se queda perplejo.
Mateo 3-16 ¨Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre él¨
Jesús aparece en el costado izquierdo de la composición piramidal, con sus piernas sumergidas en el agua cristalina. Hay en su espinilla una suave línea que nos muestra una ligera marca del agua, ésta lograda con veladuras semitransparentes que crean la ilusión de la misma.
En la parte superior el espíritu santo con sus rayos de luz irradia a los personajes, que a su vez parecen emitir luz propia.
El tratamiento de la piel, muy característico del renacimiento busca resaltar el volumen de los sujetos con transiciones tonales más que con contrates de luz.
Hay en sus rostros una belleza idealizada, no trasmiten una emoción aparente o gestualidad.
A lo lejos, las montañas disminuyen su tamaño, era esta una de las maneras en como solucionaban la profundidad en el espacio, pues no hay un punto de fuga evidente en el horizonte.

Dos sagradas familias

Autor desconocido
Óleo sobre lienzo
100*85 cm
El proto evangelio de Santiago cuenta que los vecinos de Joaquín se burlaban de él porque no tenía hijos. Entonces, el santo se retiró cuarenta días al desierto a orar y ayunar, en tanto que Ana (cuyo nombre significa Gracia) "se quejaba en dos quejas y se lamentaba en dos lamentaciones". Un ángel se le apareció y le dijo: "Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo".
En el centro de la pintura en Divino niño Jesús, acompañado en una composición romboide por sus padres y abuelos.
En la parte superior el espíritu santo volando con una perspectiva de frente nos indica su movimiento hacia el hijo putativo de José. Una luz resplandeciente lo acompaña junto a la virgen para dar una característica de divinidad.
El uso de variedad de colores, transiciones suaves y pinceladas sutiles dan a la vista un gran manejo de la técnica del maestro. Vestiduras ondeantes, rostros serenos y vistosos aún sin una expresión reconocible.
La santa virgen y el niño Jesús con coronas vistosas dando un estatus de jerarquía y poder ante los demás personajes de la composición.

Josué y Caleb

Calixto Villegas
130*100 cm
Óleo sobre lienzo
Los doce espías regresaron de reconocer la tierra de Canaán para dar cuenta a Moisés y al pueblo de Israel.
Mira las frutas que estos hombres cargan. Fíjate qué grande es el ramo de uvas de la tierra de Canaán. Los espías también habían encontrado los habitantes de la tierra: gente fuerte, viviendo en ciudades fortificadas. Y todos se desanimaron y dejaron de creer. Al no tener fe en Él, el pueblo de Israel negó prácticamente el poder y la gloria de Dios. Su justa ira se encendió contra ellos, y juró que ninguno sobre 20 años entraría en la tierra, sin embargo, todos perecerían en el desierto.
Josué y Caleb bajan la colina, sus sandalias ceñidas marcan en la tierra una sombra proyectada, al mismo tiempo, el talón levantado de Josué remarca el músculo de la pierna trasera.
El tratamiento de las telas tiene un gran trabajo de transición, en ellas se puede incluso percibir el lazo que las sujeta de la cintura a pesar de que este no está a la vista, pues los pliegues que se generan advierten de su presencia.
El rostro de Caleb con expresión contenida, pero con mirada fija denotan a la vista la llegada de los jóvenes.
El gran racimo de uvas, conservan una gran similitud con la naturaleza de las mismas, un color opaco y en zonas un brillo característico del fruto acompaña al gran tallo que las sostiene.